Txoriburu
Aquella tarde de principios de abril estaba en el coche, esperando a que mi hijo saliera del trabajo. Frente a mí se extendía un terreno salpicado de matorrales y arbustos. Mi cabeza estaba en otro sitio. Pero, de repente, algo me devolvió al exterior.
Un pequeño pájaro saltaba frenéticamente entre las ramas de un arbusto. Examinaba los brotes y, de vez en cuando parecía recoger algo con el pico. Sus movimientos parecían rutinarios: no estaba explorando el terreno, sino revisándolo.
Noté que él no podía verme. El reflejo de la luna del coche me hacía invisible. Pero necesitaba acercarme para identificarlo, aun sabiendo que el menor gesto lo ahuyentaría. Y así fue: en cuanto hice el gesto de abrir la puerta, ya había desaparecido.
Albergué la esperanza de que, si me quedaba quieto delante del arbusto, volvería. Al cabo de un par de minutos se posó en la misma ramita de la que había salido, mientras yo lo observaba sin pestañear. De vez en cuando levantaba la cabeza y miraba a su alrededor, pero enseguida volvía a su meticulosa tarea, para mi gran alivio. Al cabo de unos segundos —largos para mí— notó un gesto involuntario mío y se alejó de nuevo.
Mapa geográfico de la distribución del Zarcero común en invierno (azul) y primavera-verano (amarillo).
Terminado el espectáculo, me acerqué al arbusto para examinarlo de cerca: era un Sauce ceniciento (imagen superior). Ya estaba en plena floración y sus yemas empezaban a brotar. Al observarlo con atención, vi que algunos pulgones ya se habían instalado sobre algunos brotes.
De vuelta a casa, y rebuscando entre los libros, confirmé que el pájaro era un visitante habitual entre nosotros: el Zarcero común (primera imagen). Era un insectívoro habilidoso, que debía de haber llegado recientemente del sudoeste de África (imagen izquierda). No podía saber si el ave tenía intención de quedarse entre nosotros o de continuar hacia el norte. En cualquier caso, estaba claro qué estaba haciendo en los sauces.
El pulgón del Sauce ceniciento con sus crías. Ver referencia 4.
Algunas especies de pulgones depositan sus huevos alrededor de los brotes del sauce en otoño para que pasen el invierno (figura inferior derecha). De ellos ya habían surgido las ninfas, que empezaban a asentarse en los brotes. El Zarcero estaba recolectándolas.
Me pregunté si al Zarcero le valía la pena alimentarse de bocados tan diminutos, con todas esas idas y venidas. Para aclararlo, hice unas pequeñas cuentas (que detallo en la referencia 5. La relación entre el peso de un Zarcero y el de un pulgón equivale a la que existe entre mi peso y el de un mejillón de tamaño medio. Por lo tanto, en sus visitas, el Zarcero podría ir acopiando suficientes nutrientes y calorías para satisfacer sus necesidades diarias, tanto para mantenerse aquí como para cubrir la siguiente etapa de su migración. En ese caso, no le faltarían sauces donde provistos de pulgones por el camino, como muestra la imagen debajo.
En euskera, la palabra txoriburu (txori significa pájaro, y buru, cabeza) alude a una persona que muestra un comportamiento errático y poco racional. Después de descubrir todo esto, ¡quizás deberíamos darle otra vuelta al significado de txoriburu!
Distribución geográfica del Sauce ceniciento. Detalles en la referencia 3.
Referencias
1. Puedes escuchar el canto del Zarcero común en este enlace.
2. Un Video del Zarcero común.
3. Hay dos especies distintas de Sauce ceniciento: S. cinerea subsp. oleifolia (en naranja), la más común en nuestra zona, y S. cinerea subsp cinerea (en verde).
4. En el caso de los pulgones, existen especies especializadas en sauces. Entre ellas están Pterocomma pilosum (que figura en la imagen) y Tuberolachnus salignus (pulgón gigante). Estas dos especies ponen los huevos en la corteza de los sauces para que el arbusto pueda volver a infectarse en la primavera siguiente. Collins, C.M., Rosado, R.G. & Leather, S.R. (2001) – Annals of Applied Biology. The impact of the aphids Tuberolachnus salignus and Pterocomma salicis on willow trees.
5. La relación entre la masa de un Zarcero (13 g) y la de un pulgón (1,5 mg) es aproximadamente de 8.700:1. Por lo tanto, en la escala de un ser humano de 70 kg, el equivalente sería una unidad de alimento con un peso aproximado de 8 g. El peso húmedo de una ostra o un mejillón pequeño está en ese rango, y su composición se puede considerar comparable a la de un pulgón.
Nota: Agradezco la colaboración del Servicio de Euskera del Municipio de Hondarribia en la revisión de este artículo.