La Extinción Invisible

En el anterior artículo (Alienígenas terrenales) dimos cuenta de las grandes diferencias que nos separan de los insectos, y de nuestra sensación de extrañeza y lejanía hacia ellos. Existen indicios de que las poblaciones de insectos están observando un declive sostenido en las últimas décadas. Partiendo de esa constatación, este artículo trata sobre dos cuestiones: ¿en qué medida tenemos parte en ello? y ¿qué consecuencias puede acarrear para nosotros?

El declive de distintos grupos de insectos registrado por Sanchez-Bayo y Wyckuys en 2019, Referencia 1.

Lo percibamos o no, los estudios científicos publicados en los últimos años muestran que las poblaciones de muchos insectos están decayendo. Uno de los más conocidos registró un retroceso en la masa de insectos voladores en Krefeld, Alemania, del 76% en un periodo de 27 años. En la sección de referencias incluyo algunos de los trabajos más prestigiosos que se han llevado a cabo (1). El consenso general es que muchas especies están en claro declive (derecha). Esta tendencia se ha acuñado como la “Extinción Invisible”. La tesis que explica sus causas es clara: una multitud de factores inciden negativamente sobre la vida de los insectos, la mayoría de los cuales tienen que ver con nuestra forma de intervenir en el entorno.

A lo largo de nuestra historia hemos sido una especie que se adaptaba al entorno, causando modificaciones poco significativas. Pero el progreso nos ha llevado a convertirnos en sus grandes transformadores. Los avances de la Revolución Científica propulsaron el conocimiento y una mentalidad que nos sitúa como la especie maestra del planeta. Nuestro dominio es ahora global, intensivo y preciso. Todo lo que hacemos está cuantificado. Además, hemos desarrollado un carácter extremadamente competitivo en torno a ese dominio. El mejor empresario es quien mayores beneficios ha obtenido; el mejor científico, quien más artículos altamente citados ha publicado; el mejor escritor, quien más libros ha vendido. Y, en el olimpo de nuestra adicción al dominio, se sitúa la consagración del éxito absoluto: las marcas. La mayor cifra de capitalización, la patente que más beneficios ha aportado, la película más taquillera, el atleta laureado con más medallas (2).

Esta pulsión por moldear la realidad a nuestros designios e ideales hasta el extremo ha arrojado resultados espectaculares. A la vista están los vertiginosos avances que se anuncian a diario. Pero hay valores que no computan en los cálculos, y que quedan huérfanos de nuestra atención. Los llamados intangibles son demasiado complicados para calcular, nos resultan inconcretos, y a menudo los consideramos testimoniales. En términos prácticos, respondemos ignorándolos, pero a la vez, aparentamos cierta preocupación al constatar su deterioro. La conservación de la naturaleza, donde entran los insectos, es uno de esos valores.

Ordenamos el territorio a nuestra medida: Zonas urbanas, vías de comunicación y campos de monocultivo.

Nuestro fulgurante avance ha afectado a la vida de los insectos de dos maneras fundamentales. Por una parte, hemos ocupado y transformado algunos de los lugares más importantes para ellos: las riberas de ríos, humedales y estuarios. Esos entornos, donde el agua descansa, son llanos y albergan ecosistemas de alta biodiversidad. Pero también son especialmente propicios para los asentamientos humanos. Nuestras ciudades más importantes se encuentran en esos lugares. Al colonizar esos entornos, los hemos ido modificando mediante la urbanización, canalizando los cursos de los ríos y rellenando los lugares pantanosos para ganar terreno. Sobre todo, en el último siglo, esta actividad ha hecho desaparecer una enorme cantidad de biotopos que antes albergaban flora y fauna muy diversa donde los insectos jugaban un papel importante (3).

Eurygaster austriaca, conocida como “Paulilla” o “Sanpedrito del trigo”

Otros lugares que no se han urbanizado, como los bosques o pastos, se han transformado para la forestación y la agricultura, convirtiendo biotopos biodiversos en cultivos de una única especie vegetal: el monocultivo. De esta manera, hemos inclinado la balanza en contra de ese sistema complejo de interdependencias que alberga la biodiversidad, en favor de versiones empobrecidas que, por su sencillez, proyectamos gestionar y explotar por medio de la técnica. Pero cultivar una sola especie intensivamente y obtener altos rendimientos es sumamente difícil. Al desplazar a miles de organismos para imponer nuestro régimen de monocultivo, hemos abierto una oportunidad de oro para la proliferación desbocada de aquellas especies que mejor se adaptan a esas nuevas condiciones. En efecto, las plagas no surgen como consecuencia del infortunio, sino de nuestras propias prácticas. Donde se produzca sólo trigo se instalarán los pulgones de cereales (Sitobion avenae o Rhopalosiphum padi), que se alimentan de la savia, y la chinche del cereal (Eurygaster austriaca), cuyas larvas se alimentan del grano, entre otros. Estos especialistas están dispuestos y capacitados para competir seriamente por ocupar el cultivo, y no debería causarnos sorpresa que, sin competidores, depredadores ni parásitos naturales que los controlen, su impacto sea potencialmente devastador. Pero nuestro mundo tecnificado nos ofrece poderosas armas para hacerles frente: los insecticidas.

Esquema que refleja la dispersión de insecticidas neonicotinoides aplicados en planta, al suelo, a los aquíferos y finalmente a aves y otros insectos ajenos a la plaga. Sánchez-Bayo, Francisco. (2014). The trouble with neonicotinoids. Science. 346. 806-807. 10.1126/science.1259159.

Contamos con multitud de formulaciones químicas diseñadas para eliminar a aquellos insectos que acechan a nuestros monocultivos. Algunas de esas creaciones son ingeniosas, e incluso, elegantes. Pero las primeras versiones, muy eficaces, fueron retiradas por comprobarse que realmente eran venenos, y las más modernas y sofisticadas deben aplicarse con mesura, so pena de generar resistencia en los insectos (4). Otras causan un gran número de efectos no deseados. A menudo, el daño no se circunscribe exclusivamente a la plaga, sino que alcanza a todos los insectos del entorno. Por otra parte, la diseminación de estas sustancias en el medio ambiente acaba afectando negativamente a un amplio espectro de especies más allá de los insectos, causando auténticos desastres medioambientales (5). El resultado final del uso masivo de insecticidas es el exterminio indiscriminado de insectos, y su repercusión sobre otras especies conectadas con ellos en los ecosistemas (por ejemplo, muchos artrópodos, peces, anfibios, reptiles y aves se alimentan de insectos). Otros agentes no clasificados como insecticidas, como herbicidas, acaricidas o vermicidas, también tienen efectos secundarios sobre los insectos, aumentando aún más el daño causado a los ecosistemas (6). La seducción inicial que propiciaron los primeros insecticidas en los años 60 se ha tornado en escepticismo y preocupación de cara al futuro (7).

Llegados a este punto, podría parecer que nuestra interacción con la naturaleza solo ha arrojado resultados devastadores para la biodiversidad y, concretamente, para la supervivencia de los insectos. Pero la descalificación de nuestro progreso histórico no sería justa ni inteligente. El conocimiento en sí no puede considerarse como maligno. Podría argumentarse, más bien, que lo que observamos es el resultado de una mala praxis producto de una mentalidad obsesionada por el dominio completo del medio y orientada a lograr rendimientos máximos. Esa ambición, basada en la idea de comprender la naturaleza intelectualmente para amaestrarla, está alejada de su compleja realidad y puede habernos llevado a perder la perspectiva y la cordura. Los resultados nos están señalando que ese camino puede acabar siendo más catastrófico que triunfal (8, 9).

Un espacio ideado para la conservación de la biodiversidad, incluidos los insectos

Los insectos volverán si estamos dispuestos a devolverles espacios adecuados para que hagan su vida, y si esos espacios están comunicados entre sí para asegurar cierta estabilidad. Esto se podría haber hecho con un poco de criterio, dejando zonas naturales de importancia ecológica fuera de los planes urbanísticos, pero la codicia y una manifiesta falta de perspectiva cegaron nuestro criterio. Ahora tenemos que interiorizar que lo que entendemos sólo es una interpretación aproximativa de la realidad. La supervivencia de esos espacios llenos de vida e insectos serán la prueba del algodón de nuestra madurez, devolviendo a la naturaleza algo de lo que le hemos quitado. Allá donde sobreviva ese criterio, habrá flores, frutos, aves, otros animales, y también habrá equilibrio. Más de las tres cuartas partes de las frutas que se producen dependen de la polinización mediada por insectos. Una gran parte de las aves son consumidoras de insectos en mayor o menor medida. Lo mismo se puede decir de pequeños mamíferos, reptiles, anfíbios y peces. El control de muchas plagas y enfermedades depende de insectos llamados fauna beneficiosa o fauna auxiliar. En la nueva agricultura, estos agentes se están incorporando para reducir el uso de pesticidas. Así, podríamos seguir, pero antes de cerrar, prefiero centrarme en dos ideas más. La primera es que, si no conocemos bien los insectos, tampoco sabemos aquellos aspectos en los que dependemos de ellos. La segunda es que embarcándonos en en la misión de restaurar la naturaleza estaremos corrigiendo el rumbo de nuestra especie para acabar siendo más generosos, más sabios y seguramente, más felices.

Referencias‍ ‍

1)        Hallmann et al. 2017 — “More than 75 percent decline over 27 years in total flying insect biomass in protected areas”, PLoS ONE. Estudio emblemático basado en muestreos de 63 áreas protegidas de Alemania durante 27 años; documentó una disminución estacional del 76% en la biomasa de insectos voladores, convirtiéndose en una referencia central del debate sobre el declive de insectos. - Sánchez-Bayo & Wyckhuys 2019 — “Worldwide decline of the entomofauna: A review of its drivers”, Biological Conservation. Revisión global de 73 informes históricos sobre declives de insectos; es importante porque reúne los principales impulsores —pérdida de hábitat, contaminación, factores biológicos y cambio climático— y porque plantea una estimación muy influyente sobre el riesgo de extinción de especies. - van Klink et al. 2020 — “Meta-analysis reveals declines in terrestrial but increases in freshwater insect abundances”, Science. Amplio metaanálisis de series temporales de abundancia de insectos a escala mundial; es importante porque matiza la narrativa de un “colapso global” al diferenciar los declives de insectos terrestres de los aumentos observados en insectos de agua dulce. - Seibold et al. 2019 — “Arthropod decline in grasslands and forests is associated with landscape-level drivers”, Nature. Sólido estudio alemán en múltiples sitios: más de 1 millón de artrópodos, unas 2.700 especies y datos de 2008 a 2017; encontró descensos importantes en biomasa, abundancia y riqueza de especies en praderas y bosques. - Powney et al. 2019 — “Widespread losses of pollinating insects in Britain”, Nature Communications. Análisis de ocupación a gran escala de 353 especies de abejas silvestres y sírfidos en Gran Bretaña entre 1980 y 2013; es especialmente útil para analizar las tendencias de los polinizadores.

2)      La Vanguardia — “Byung-Chul Han: ‘La sociedad del rendimiento produce depresivos y fracasados”. Artículo divulgativo en castellano que resume la tesis de Byung-Chul Han sobre la sociedad del rendimiento: una cultura basada en la autoexigencia, la comparación constante, la productividad y el éxito medible.


3)      Banco Mundial — “Tracking urban flood exposure: Global trends since 1985”. Artículo divulgativo con gráficos que resume un estudio global publicado en Nature sobre la expansión de los asentamientos humanos hacia zonas expuestas a inundaciones desde 1985.


4)      FAO — “Gestión de plagas: Manejo integrado de plagas. Página institucional en castellano de la FAO que explica que el manejo integrado de plagas (integrando orbanismos vivos reguladores del ecosistema) surgió como respuesta al uso creciente de plaguicidas, asociado a crisis de control por resistencia en las plagas y brotes de plagas secundarias; además, subraya la necesidad de minimizar el uso de plaguicidas y reducir sus riesgos para la salud humana y el medio ambiente.


5) Köhler & Triebskorn 2013 — “Wildlife Ecotoxicology of Pesticides: Can We Track Effects to the Population Level and Beyond?”, Science. Revisión ampliamente citada sobre ecotoxicología de plaguicidas que analiza cómo sus efectos no intencionados pueden propagarse desde organismos no diana hasta poblaciones, comunidades y ecosistemas, y subraya la dificultad de predecir sus consecuencias ecológicas a niveles superiores de organización biológica.


6) Sánchez-Bayo 2021 — “Indirect Effect of Pesticides on Insects and Other Arthropods”, Toxics. Revisión científica centrada precisamente en los efectos indirectos de los plaguicidas sobre insectos y otros artrópodos: explica que herbicidas, fungicidas, parasiticidas y otros productos no dirigidos específicamente contra insectos pueden alterar recursos florales, enemigos naturales, redes tróficas, hábitats acuáticos y procesos ecosistémicos, amplificando el daño sobre comunidades de insectos y artrópodos.


7)      PNUMA — “Efectos de plaguicidas y fertilizantes sobre el medio ambiente y la salud y formas de reducirlos”. Resumen para encargados de la formulación de políticas, que sintetiza los impactos ambientales y sanitarios del uso de plaguicidas y fertilizantes, así como medidas para reducirlos.


8) Jonas 1995 — El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica. Obra filosófica de referencia sobre la necesidad de una ética de la responsabilidad ante el poder transformador de la técnica moderna; resulta pertinente para sostener la crítica a una mentalidad de dominio ilimitado de la naturaleza y a la insuficiencia de una confianza puramente triunfalista en el progreso técnico.


9)      Álvarez Gómez 2018 — “El dominio de la naturaleza o el poder de la técnica”, Cuadernos Salmantinos de Filosofía. Artículo filosófico en castellano que analiza la tensión entre uso y dominio de la naturaleza, vinculándola con la responsabilidad, la técnica y el aumento exponencial del poder tecnológico de la acción humana.




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